8 septiembre 2026
¿Te cuesta seguir una conversación cuando hay varias personas hablando? ¿Necesitas subir cada vez más el volumen de la televisión? ¿Tienes la sensación de que escuchas, pero no siempre entiendes lo que te dicen?
En estos casos, realizar una prueba de audición permite conocer de forma objetiva cómo escuchas y detectar posibles alteraciones auditivas.
Se trata de una evaluación sencilla, indolora y no invasiva en la que se analiza la capacidad de cada oído para percibir diferentes sonidos. Dependiendo de las necesidades de cada persona, pueden realizarse varias pruebas para conocer no solo cuánto oye, sino también cómo comprende el habla y cómo funciona el sistema auditivo.
En este artículo te explicamos en qué consiste una prueba de audición, cómo se realiza, qué significan sus resultados y cuándo conviene pedir una revisión.
Una prueba de audición es una evaluación que permite medir la capacidad auditiva de una persona.
El objetivo es determinar, entre otras cuestiones:
Una evaluación audiológica completa puede incluir diferentes procedimientos, como la exploración del oído, la audiometría tonal, pruebas de comprensión del habla o la timpanometría. Las pruebas concretas dependen de cada paciente y del motivo de la consulta.
No es necesario esperar a dejar de escuchar correctamente para realizar una revisión.
La pérdida auditiva puede desarrollarse de forma progresiva y, precisamente por eso, las primeras señales no siempre resultan evidentes. Muchas personas se acostumbran poco a poco a escuchar peor y son sus familiares quienes detectan el problema antes.
Conviene solicitar una prueba cuando aparecen situaciones como:
También puede ser recomendable realizar revisiones periódicas aunque aparentemente escuches bien, especialmente si tienes factores de riesgo o has estado expuesto durante años a entornos ruidosos.
El NIDCD incluye precisamente dificultades para comprender a familiares, compañeros de trabajo, televisión o conversaciones sociales entre las señales que justifican revisar la audición.

Una revisión auditiva puede contener diferentes fases. No todas las personas necesitan exactamente las mismas pruebas, pero normalmente comienza con una entrevista y una exploración del oído antes de medir la audición.
Antes de realizar las pruebas, el profesional necesita conocer algunos datos importantes.
Puede preguntarte:
Esta información ayuda a interpretar posteriormente los resultados y a decidir qué pruebas son más apropiadas.
Antes de medir la audición suele realizarse una exploración visual del oído mediante un otoscopio.
El objetivo es comprobar el estado del conducto auditivo y del tímpano y detectar posibles alteraciones, como:
Esta parte es importante porque una obstrucción del conducto, por ejemplo, puede afectar temporalmente a la capacidad para escuchar.
La exploración otoscópica forma parte habitual de los protocolos de valoración y cribado auditivo.
La audiometría tonal es probablemente la prueba auditiva más conocida.
Normalmente, la persona entra en una cabina o espacio acondicionado acústicamente y utiliza unos auriculares. A través de ellos se reproducen tonos de diferentes frecuencias e intensidades.
Cada vez que escucha un sonido debe indicarlo, normalmente pulsando un botón o levantando la mano.
El volumen va disminuyendo progresivamente hasta determinar el nivel mínimo que la persona es capaz de percibir en cada frecuencia.
Las frecuencias representan los sonidos más graves y más agudos, mientras que la intensidad se mide en decibelios.
El resultado permite conocer el umbral auditivo, es decir, la menor intensidad a la que una persona detecta determinados sonidos. La audiometría tonal mide cada oído por separado y sus resultados se representan gráficamente en un audiograma.
Una vez terminada la audiometría, los resultados se representan en un gráfico llamado audiograma.
En él aparecen:
Esto permite visualizar fácilmente si la audición se encuentra dentro de los valores esperados o si existe una pérdida en determinadas frecuencias.
Por ejemplo, algunas personas pueden conservar relativamente bien la audición de los sonidos graves y presentar mayores dificultades con los sonidos agudos.
Esto puede explicar situaciones muy habituales: la persona oye que alguien está hablando, pero tiene dificultades para diferenciar determinadas palabras.
Escuchar un sonido y comprender una conversación no son exactamente lo mismo.
Por eso, una evaluación auditiva puede incorporar pruebas de audiometría verbal o logoaudiometría.
Durante esta prueba, la persona escucha palabras a diferentes intensidades y debe repetir lo que ha entendido.
Esto permite analizar cómo reconoce y discrimina el habla.
Resulta especialmente útil porque algunas personas manifiestan:
“Oigo, pero no entiendo bien lo que me dicen”.
Las pruebas de habla permiten estudiar esta dificultad y complementar la información obtenida mediante la audiometría tonal. Las evaluaciones audiológicas completas pueden incluir pruebas del habla tanto en silencio como en presencia de ruido.
En algunos casos también se realiza una audiometría por vía ósea.
En lugar de reproducir los sonidos a través de unos auriculares, se coloca un pequeño vibrador generalmente detrás de la oreja.
Este dispositivo transmite las vibraciones directamente hasta el oído interno a través de los huesos del cráneo.
La comparación entre los resultados obtenidos por vía aérea y por vía ósea ayuda al profesional a determinar dónde puede encontrarse el problema auditivo y contribuye a diferenciar distintos tipos de pérdida de audición.
Otra de las pruebas que pueden realizarse es la timpanometría.
Para ello se coloca una pequeña sonda en el conducto auditivo. El dispositivo modifica ligeramente la presión del aire y analiza cómo responde el tímpano.
La prueba ayuda a valorar el funcionamiento del oído medio.
Puede aportar información sobre determinadas alteraciones relacionadas con el tímpano y el oído medio y complementar el estudio realizado mediante audiometría.
ASHA define la timpanometría como una medición de la función del oído medio mediante el análisis de la movilidad del tímpano ante diferentes niveles de presión.
No.Una prueba auditiva convencional es indolora y no invasiva.
Durante la audiometría simplemente tendrás que escuchar diferentes sonidos y responder cuando los percibas.
La timpanometría puede producir durante unos segundos una ligera sensación de presión en el oído, pero tampoco debería resultar dolorosa.
Depende de las pruebas que sea necesario realizar.
Un cribado auditivo sencillo puede completarse rápidamente, mientras que una evaluación más completa necesita más tiempo porque se estudian diferentes aspectos de la audición y posteriormente se interpretan los resultados.
Lo importante no es únicamente obtener un dato sobre cuánto escuchas, sino comprender qué ocurre en cada oído y cómo puede estar afectando a tu vida cotidiana.
Una prueba de audición para adultos tiene en cuenta tanto los resultados objetivos como las dificultades que experimenta cada persona en su día a día.
Por ejemplo, dos personas con audiogramas similares pueden tener necesidades completamente diferentes.
Una puede trabajar en una oficina tranquila y otra necesitar comunicarse continuamente con varias personas en ambientes ruidosos.
Por eso, durante la evaluación también resulta importante conocer:
La valoración audiológica tiene como objetivo no solo determinar los umbrales auditivos, sino también estudiar cómo afecta una posible pérdida a la comunicación y a la calidad de vida.
No existe una edad única a partir de la cual todas las personas deban realizar exactamente el mismo calendario de revisiones.
La audición puede verse afectada a cualquier edad.
Sin embargo, el riesgo de pérdida auditiva aumenta con el paso de los años, por lo que las revisiones adquieren una mayor importancia a medida que envejecemos.
También conviene prestar especial atención independientemente de la edad cuando existen:
Actualmente existen numerosas páginas web y aplicaciones que permiten realizar una prueba de audición online.
Pueden resultar útiles como primera orientación o como herramienta para detectar que quizá existe una dificultad que debería estudiarse.
Sin embargo, una prueba online no sustituye una evaluación auditiva profesional.
Los resultados pueden verse afectados por:
ASHA señala que las herramientas de autoevaluación mediante aplicaciones y pruebas online pueden resultar útiles para controlar el estado auditivo, pero advierte de que factores como la calibración del dispositivo y el método utilizado pueden influir en la exactitud del resultado.
Por tanto, si una prueba online indica una posible pérdida o tú mismo notas dificultades para escuchar, lo recomendable es realizar una evaluación presencial.
Una prueba online puede servir como cribado, pero no debería utilizarse por sí sola como diagnóstico.
Una evaluación profesional permite explorar físicamente los oídos, medir cada oído en condiciones controladas, realizar pruebas adicionales y analizar los resultados en conjunto.
Por ejemplo, una prueba online no permite comprobar si la dificultad se debe a un tapón de cerumen, a una alteración del oído medio o a otro problema que requiera valoración médica.
Sí. Nuestro centro auditivo realiza la prueba de audición gratuita como forma de detectar posibles dificultades.
No obstante, es importante diferenciar entre:
Una prueba inicial puede ser muy útil para saber si existe alguna señal que aconseje profundizar en el estudio.
En caso de detectar una alteración, el profesional explicará los siguientes pasos y si es conveniente realizar pruebas adicionales.

Encontrar una disminución de la audición no significa automáticamente que necesites audífonos.
Primero hay que determinar:
Dependiendo del resultado, se puede recomendar seguimiento, valoración médica, tratamiento de una causa concreta o estudiar diferentes soluciones auditivas.
Cuando se consideran necesarios audífonos, la información obtenida durante la audiometría es fundamental para su selección y posterior programación.
La frecuencia depende de cada persona.
Si tienes una audición normal y no existen factores de riesgo, el profesional puede recomendar revisiones periódicas.
Si ya existe una pérdida auditiva, utilizas audífonos o estás expuesto habitualmente a ruido, los controles pueden ser más frecuentes.
Lo importante es no esperar varios años si empiezas a notar cambios.
Por lo general, no necesitas ninguna preparación especial. Es recomendable informar al profesional si tienes dolor, sensación de oído taponado, tinnitus, antecedentes de infecciones o si estás tomando algún medicamento relevante.
Sí. Una revisión permite establecer un punto de referencia sobre tu audición y detectar alteraciones que quizá todavía no has percibido.
Un resultado alterado en un cribado no confirma por sí solo una pérdida auditiva concreta. Significa que es recomendable realizar una evaluación audiológica más completa.
El tinnitus es la percepción de un sonido sin una fuente externa. La audiometría no diagnostica por sí sola su causa, pero forma parte de la valoración porque permite comprobar si existe una pérdida de audición asociada.
No. Elegir y adaptar un audífono requiere una evaluación auditiva profesional y tener en cuenta factores como el grado y tipo de pérdida, la anatomía del oído, las necesidades de comunicación y las preferencias de cada persona.
Sí. Los umbrales del oído derecho y del izquierdo se miden y representan por separado. Esto permite detectar diferencias entre ambos.
Muchas pérdidas auditivas aparecen poco a poco. Al principio pueden manifestarse únicamente en situaciones concretas: una conversación con varias personas, un restaurante con ruido o una película en la que cuesta entender algunos diálogos.
Por eso, realizar una prueba de audición no debería reservarse únicamente para cuando el problema ya resulta evidente.
En Biacustic podemos evaluar tu capacidad auditiva, explicarte de forma clara los resultados y ayudarte a determinar cuáles son los siguientes pasos en función de tus necesidades.
Si notas que no escuchas como antes o simplemente quieres conocer el estado de tu audición, solicita tu revisión auditiva.
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