3 agosto 2023
El ruido está más que presente en nuestra vida, este puede causar efectos auditivos y no auditivos en la salud.
El ruido, es definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un sonido desagradable y molesto que es potencialmente nocivo para la salud. Los efectos sobre la salud se reconocieron por primera vez en los entornos laborales, como los telares, donde se asociaban altos niveles de ruido, con la pérdida auditiva inducida por el ruido. El ruido laboral es el tipo de exposición al ruido que más se ha estudiado.
Ahora se pone el foco en el ruido social como el del tráfico, de los transportes, ferrocarril y aire, la construcción industrial, las fuentes de ocio ruidosas, como bares, conciertos, discotecas o reproductores personales de música, son las principales fuentes de ruido en España. Todos ellos pueden dañar los oídos y la salud en general.
El ruido se mide con un decibelímetro o sonómetro. Este instrumento determina la presión sonora en un ambiente a través de una unidad de medida llamada decibelio (dB).
Estos son los niveles promedio de algunos sonidos comunes, medidos en decibelios:
Para controlar el ruido existe una regulación específica: la Ley del Ruido.
Aparte de las normas de nivel estatal, las comunidades autónomas y las normativas municipales gestionan los niveles de ruido en función de las características de cada lugar. Esto los límites que se proponen en la Ley del Ruido:
En general, durante el horario diurno está prohibido superar los 35-40 decibelios y durante el nocturno, los 25-30.
El horario nocturno es de lunes a viernes de 22h. a 8h., ampliándose el fin de semana de 21h a 9:30h.
En el ámbito laboral se recomienda el uso de protectores auditivos a los trabajadores sometidos a más de 80dB continuados o picos de 135dB, con obligación de utilizar la protección por encima de 85dB continuos y picos de más de 137dB.
El ruido es la principal causa, evitable, de pérdida de audición. La pérdida de la audición inducida por el ruido puede ser causada por una sola exposición a un sonido muy intenso, o por exposición a largo plazo con niveles superiores a 75-85 dB. La pérdida puede ser inmediata o producirse de manera paulatina después de un tiempo, dándose la hipoacusia, y afectar a personas de cualquier edad.
En cuanto a exceso de ruido y sus efectos con la pérdida auditiva debemos atender a tres áreas:
A pesar de la introducción de normas para la protección auditiva, la reducción de la exposición al ruido ocupacional y los amplios esfuerzos de los organismos de salud pública en los países desarrollados; la pérdida de la audición inducida por la exposición al ruido laboral es la enfermedad profesional más común.
Muchos países hacen cumplir la legislación vigente sobre salud y seguridad donde se especifica los niveles máximos de exposición y los requisitos de acción, incluyendo evaluaciones del ruido, pruebas audiométricas regulares, equipo de protección y de monitoreo, que tienen por objeto proteger tanto a los trabajadores contra la exposición excesiva al ruido.
El ruido excesivo es a menudo aceptado como parte del ambiente recreativo. Aunque el ruido laboral ha disminuido desde el principio de los años ochenta, el número de jóvenes con grados relevantes de exposición al ruido social se ha triplicado en el mismo período. Un creciente grupo de investigación está evaluando el riesgo de pérdida auditiva en adolescentes debido al uso personal del reproductor de música.
Se necesitan tanto productos más seguros como campañas de salud pública para reducir el riesgo de pérdida auditiva por el uso de reproductores personales de música. Los auriculares con cancelación de ruido son una medida preventiva efectiva para reducir riesgos a los usuarios de reproductores de música personales.
La pérdida auditiva inducida por ruido está determinada por exposición al ruido y por eventos cotidianos, todos los grupos de distinta edad pueden padecerla. La exposición a diferentes tipos de ruido desde la primera infancia, puede tener efectos acumulativos en la pérdida auditiva del adulto. Existen factores sociales y biológicos pueden afectar la audición en la mediana edad. La prevalencia de pérdida auditiva está altamente asociada a la edad.
Percepción de un sonido, como zumbido o campanilleo, y que no se puede atribuir a una fuente externa. A menudo proviene de la exposición a ruido agudo y crónico, y persiste en una alta proporción de individuos afectados. El tinnitus puede afectar la calidad de vida de varias maneras, incluyendo la alteración del sueño, la depresión o la incapacidad de mantener la atención. El hecho de que la pérdida auditiva y el tinnitus se presentan en combinación sugiere que ambos síntomas comparten vías fisiopatológicas comunes.
Es ampliamente aceptado que la pérdida auditiva inducida por ruido es un síntoma de una enfermedad compleja producto de la interacción de factores ambientales y genéticos.
La característica patológica de la pérdida auditiva inducida por ruido es la pérdida de células sensoriales auditivas en la cóclea. Debido a que estas células no pueden regenerarse, no se puede producir reposición celular; la prevención de la pérdida auditiva es la única opción para preservar la audición.
Los efectos no auditivos son una evidencia y están creciendo cada día por la exposición al ruido ambiental.
De esta evidencia se destaca la importancia de contar con estrategias adecuadas de prevención y mitigación del ruido para la salud pública.
El ruido, definido como sonido no deseado, es un contaminante cuyos efectos sobre la salud han sido descuidados, a pesar de la capacidad de medir con precisión o calcular la exposición.
La molestia es la respuesta comunitaria más predominante en una población expuesta al ruido ambiental. La molestia puede resultar del ruido que interfiere con las actividades cotidianas, los sentimientos, los pensamientos, el sueño o el descanso, y puede estar acompañado de respuestas negativas, como la ira, el descontento, el agotamiento y los síntomas relacionados con el estrés.
Muchos estudios han demostrado que la exposición a largo plazo al ruido ambiental afecta el sistema cardiovascular y ocasiona enfermedades evidentes (Incluyendo hipertensión, cardiopatía isquémica y accidente cerebrovascular). La exposición aguda a diferentes tipos de ruido se asocia con la activación del sistema nervioso autónomo y del sistema endocrino. Los investigadores han observado repetidamente que la exposición al ruido aumenta la presión arterial sistólica y diastólica, cambia la frecuencia cardíaca y provoca la liberación de hormonas del estrés.
Los efectos del ruido en la cognición de los niños incluyen: dificultades de comunicación, disminución de la atención, aumento de la excitación, desamparo aprendido, frustración, molestia por el ruido y consecuencias del trastorno del sueño en el rendimiento.
Los investigadores también han sugerido respuestas de estrés psicológico como un mecanismo, debido a que los niños son aún incapaces de evaluar las amenazas de los factores de estrés y tienen estrategias de resistencia menos desarrolladas que los adultos.
Se piensa que la alteración del sueño es el efecto no auditivo más perjudicial de la exposición al ruido ambiental, ya que se necesita un sueño inalterado de una duración suficiente, para mantener el estado de alerta diurno y tener un buen rendimiento, calidad de vida y salud. Los seres humanos perciben, evalúan y reaccionan a los sonidos ambientales, incluso mientras duermen. Niveles máximos tan bajos como 33 dB pueden inducir reacciones fisiológicas durante el sueño, incluyendo excitación autónoma, motora y cortical (por ejemplo, taquicardia, movimientos corporales e incluso despertarse)
Cuando el ruido induce a despertarse, depende no sólo del número de eventos de ruido y sus propiedades acústicas, sino también de la situación, como la etapa momentánea del sueño y la susceptibilidad al ruido individual.
Aunque la mayoría de las pautas de ruido ambiental enumeran los hospitales como instalaciones sensibles al ruido, los estudios sobre los efectos externos del ruido en los entornos hospitalarios son muy raros. Sin embargo, la investigación sobre la comprensión y la prevención del ruido en el interior de los hospitales y su efecto sobre los pacientes y el personal ha ido creciendo. Un extenso análisis de los niveles sonoros hospitalarios indicó que el ruido hospitalario ha aumentado alrededor de 10 dB, desde los años sesenta. Los niveles de ruido en los hospitales son 15 -20 dB más altos que los recomendados por la OMS. El ruido hospitalario podría ser una amenaza creciente para la rehabilitación del paciente y el desempeño del personal.
La pérdida auditiva ocasionada por la exposición laboral o recreativa al ruido es predominante y constituye una amenaza para la salud pública que requiere estrategias preventivas y terapéuticas. Los efectos no auditivos sobre la salud del ruido ambiental son múltiples y graves debido a la amplia exposición. De aquí la necesidad de regular y reducir la exposición al ruido ambiental (idealmente en la fuente) y de hacer cumplir los límites de exposición para mitigar las consecuencias negativas para la salud por la exposición crónica al ruido ambiental.
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